- La miel es un delicioso y dorado néctar producido por las laboriosas abejas que ha cautivado los paladares y nutrido a la humanidad durante siglos. Más allá de ser un rico alimento, alberga una impresionante variedad de beneficios para nuestra salud, desde sus propiedades antioxidantes y antibacterianas hasta sus cualidades calmantes y fortificantes.
¿Por qué deberíamos consumir miel?
- – Contiene una gran concentración de glicoproteínas y glicopéptidos que interfieren con moléculas del sistema inmune.
- – La colina y acetilcolina secretadas por las abejas son incorporadas a la miel; se reportan valores entre 0,06 y 5 mg/kg de acetilcolina, y de colina entre 0,3 y 30.
- – Las vitaminas presentes en la miel están muy relacionadas a la cantidad de polen; entre ellas se reconoce la presencia de folatos, niacina, vitaminas del complejo B (B2, B3, B5, B6, B9), vitamina C y vitamina K.
- – La composición cualitativa y cuantitativa de los flavonoides, antioxidantes beneficiosos para el corazón y cerebro, depende del origen botánico de la miel. Sin embargo, se han llegado a reportar en valores entre los 5 y 50 mg/100 g.
- – Este alimento es muy energético, rico en elementos minerales como calcio y zinc, que lo convierten en un producto idóneo para esfuerzos físicos. El 70 % de sus azúcares son fructosa y glucosa, monosacáridos que se absorben con rapidez en la mucosa intestinal y proporcionan energía en pocos minutos.
Por cada 100 g podemos obtener aproximadamente:
- Energía: 288 kcal/1229 kJ
- Grasa: 0 g
- Carbohidratos: 76.4 g
- Fructosa: 41.8 g
- Glucosa: 34.6 g
- Proteína: 0.08 g
- Agua: 3.5 g
Y por cada 20 g de porción podemos obtener aproximadamente:
- Energía: 58 kcal/246 kJ
- Grasa: 0 g
- Carbohidratos: 15.3 g
- Fructosa: 8.4 g
- Glucosa: 6.9 g
- Proteína: 0.4 g
- Agua: 17.5 g
La miel en la medicina
En el antiguo Egipto se empleaba un método insólito para preservar los cuerpos: sumergirlos en miel. Sin saberlo, este procedimiento evidenciaba las cualidades antisépticas de esta sustancia rica en azúcares. Además, descubrieron que la miel tenía propiedades curativas al aplicarla directamente sobre heridas y llagas, acelerando el proceso de cicatrización. Este efecto, resultado de observaciones empíricas, también puso al descubierto las propiedades regenerativas y antimicrobianas de la miel.
Estas cualidades derivan principalmente de su contenido en azúcares y ácidos orgánicos, su pH ácido, alta concentración de sustancias osmóticas y la formación de peróxido de hidrógeno. La acción osmótica de la miel, que es hipertónica, explica su poder antiséptico al interactuar con las moléculas de agua presentes en las bacterias. La naturaleza ácida de la miel también contribuye a sus propiedades antisépticas debido a la presencia de un sistema gluconolactona/ácido glucónico, producto de procesos enzimáticos que ocurren durante la formación del néctar.
Además, pequeños estudios en células, animales y seres humanos han sugerido que la miel podría tener beneficios en el tratamiento de afecciones como la tos, trastornos estomacales y problemas digestivos.
Cabe destacar que no existe una recomendación diaria específica para el consumo de miel, pero dado su alto contenido de azúcar, su ingesta debe ser moderada. Puede ser implementada de múltiples maneras en la dieta, ya sea en desayunos, snacks, meriendas o en comidas elaboradas, pues queda muy bien en recetas dulces como saladas.
Fuentes: “Composición química de la miel de abeja y su relación con los beneficios a la salud” – Revista Médica de Matanzas, Sociedad Colombiana de Apiterapia, The European Food Information Council, Órgano oficial de la Sociedad Mexicana de Cirugía Dermatológica y Oncológica, AC