Durante siglos, las abejas han demostrado ser incansables trabajadoras cuya labor beneficia a la humanidad, las plantas y el entorno natural. Mediante el transporte de polen de una flor a otra, estas y otros polinizadores desempeñan un papel crucial al permitir la producción de una amplia variedad de frutas, frutos secos y semillas, proceso que no solo aumenta la cantidad de alimentos disponibles, sino que también mejora su diversidad y calidad, contribuyendo significativamente a la seguridad alimentaria y la nutrición del planeta.
Cuando los animales e insectos recogen el polen de las flores y lo esparcen, permiten que las plantas, incluidos muchos cultivos alimentarios, se reproduzcan. Polinizan las aves, los roedores, los monos e incluso las personas, pero los polinizadores más comunes son los insectos, y entre ellos, las abejas.
La importancia de la polinización se extiende al medio ambiente en su conjunto al desempeñar un papel fundamental en el mantenimiento de la biodiversidad y la vitalidad de los ecosistemas que sustentan la agricultura y la vida humana. En lo que respecta a la seguridad alimentaria, los expertos de la FAO señalan que las abejas desempeñan un papel fundamental, ya que un tercio de la producción mundial de alimentos depende de su labor de polinización.
Además, la apicultura se integra de manera armónica en diversos sistemas de vida y desarrollo, como la silvicultura, la agricultura y las prácticas de conservación. Al hacerlo, añade un valor significativo a las cosechas, ya que las abejas son las únicas capaces de recolectar néctar y polen sin competir con otros insectos por estos recursos, que de otro modo serían inaccesibles para los humanos.
La diversificación de cultivos y prácticas agrícolas a nivel regional, a su vez, se ha identificado como una estrategia clave para abordar el cambio climático y fomentar la biodiversidad. Marieta Sakalian, experta en biodiversidad del PNUMA, resalta que esta tarea y la iniciativa deben ser asumidas por los gobiernos.
Esta actividad, asimismo, desempeña un papel de vital importancia en los medios de subsistencia rurales alrededor del mundo, representando una valiosa fuente de ingresos. Conforme a los informes de la IPBES, aproximadamente 80 millones de colmenas contribuyen a la producción anual de alrededor de 1.6 millones de toneladas de miel.
La gran mayoría de los polinizadores son especies silvestres, con más de 20,000 tipos de abejas entre ellas. Estos agentes polinizadores contribuyen al 35% de la producción agrícola global, siendo responsables de la polinización de 87 de los 115 cultivos fundamentales para la alimentación en todo el mundo.
La miel
Este producto estrella de la apicultura, es apreciada en todo el mundo y ha desempeñado históricamente un papel medicinal y nutritivo en diversas culturas. Su consumo, ya sea local o en mercados internacionales, genera ingresos importantes y ya sea fresca al nivel de poblado o en envases sofisticados, produce utilidades y puede crear medios de vida y desarrollo en varios sectores dentro de una misma sociedad.
Su proceso, desde el néctar de las flores hasta el producto en los tarros, inicia cuando las abejas recolectan el néctar, el cual es transformado en glucosa y fructosa por enzimas en su saliva. Esta mezcla se almacena en los panales como alimento invernal para la colmena y a través del constante aleteo, el exceso de agua se evapora del néctar, resultando en el espeso y pegajoso líquido que conocemos como miel.
Las reservas de miel que las abejas almacenan en los panales les sirven como un recurso alimenticio vital durante el invierno y para alimentar a las larvas. Esto garantiza que la próxima generación esté lista para la primavera, siendo la resistencia natural de la miel un factor esencial en este proceso.
Sin embargo, durante las últimas décadas, se ha evidenciado un declive global en las poblaciones de abejas debido a diversos factores como la pérdida de hábitat, las intensivas prácticas agrícolas, los cambios en los patrones climáticos y el uso excesivo de productos agroquímicos, incluyendo pesticidas, lo que significa una amenaza inminente para una amplia gama de plantas cruciales para el bienestar humano y la sostenibilidad.
No obstante, el proceso de extracción de miel puede tener efectos negativos. Cuando se retira la miel de las colmenas sin matar a las abejas, estas quedan desprovistas de su alimento. Para sustituirla, se les proporciona una mezcla de agua y azúcar. Aunque a veces se sostiene que esta alternativa no es perjudicial para las abejas, en realidad, el azúcar no satisface sus necesidades nutricionales, llevándolas a un estado de desnutrición.
Por ello, si bien es una práctica exquisita para ser promovida, no debe terminar en una explotación del medio natural, sino respetada y tomada en cuenta como esencial para conservar nuestro medio, tal y como se fue formando a través de los siglos.
Fuentes: ONU, FAO, Consejo Europeo de Información sobre la Alimentación (EUFIC), Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación de España